La Genealogía Genética

turbine



El ADN y nuestra genealogía (II): Aplicación práctica

1. El cromosoma Y, nuestra línea paterna directa. Hemos afirmado que los 23 pares de cromosomas se separan y se unen al azar en cada generación, de manera que en cada hijo no conocemos de antemano la procedencia exacta de este material genético, si es paterno o materno. Pero hay una excepción evidente y es la de los cromosomas que determinan el género. Estos cromosomas se describen como X (femenino) e Y (masculino). Las mujeres poseen dos cromosomas femeninos XX mientras que los hombres poseen un cromosoma Y heredado de su padre y un cromosoma X de su madre (ya que obviamente ésta no posee ningún cromosoma Y). De este modo, tenemos una certeza obvia acerca del cromosoma Y de cualquier varón: únicamente lo ha podido heredar por vía directa masculina. Además podemos seguir la deducción de que el cromosoma Y de un varón procede de su padre, de su abuelo paterno, su bisabuelo paterno-paterno y así hasta el origen de la especie.

Gráficamente es esta la transmisión:

YDNA
Fuente: Peter Sjölund, Swedish Society for Genetic Genealogy.

La aplicación genealógica es inmediata y apasionante, dos varones en la actualidad si procedente directamente de un mismo varón, ya sea tres o diez generaciones antes, deberán compartir un ADN-Y idéntico o con apenas alguna leve mutación. Pero además, su vía de transmisión es la misma que el apellido paterno por lo que nos servirá para confirmar si tenemos el mismo origen que otras personas con nuestro mismo apellido. O incluso cotejar el resultado en las bases de datos y descubrir parientes que sin compartir apellido tienen indudablemente un origen común. Aún más, el análisis de nuestro ADN-Y nos dirá a qué grupo genético humano, haplogrupo, pertenece y dentro de éste, sabremos si se asocia a algún subgrupo en concreto.

Este análisis tan solo es posible realizarlo a los varones, pero si quisiéramos, por ejemplo, investigar el origen paterno del apellido de nuestra madre, será suficiente con realizar el análisis del ADN-Y de nuestro abuelo materno o de algún tío materno.

FTDNA realiza análisis de ADN-Y y su precio varía en función de la amplitud del estudio, del número de marcadores que se desea conocer.  Nuestra recomendación es de seguir con el BigY posteriormente a un test de 12 marcadores. Actualmente al pedir un BigY obtendrás 111 marcadores sin coste adicional. No obstante se necesita una prueba con marcadores para poder encargar el BigY. Si exportas tus datos del BigY a la empresa YFull por un coste de ca 49 dólares recibirás un informe con mas de 400 marcadores.

Los resultados pueden no ser inmediatos. En ocasiones no se encuentran coincidencias con otras personas en las bases de datos, pero es cuestión de tiempo que aumente el número de contribuciones para que podamos comenzar a descubrir parentescos que nos orientarán sobre nuestro origen. Lo normal es que sí se descubran estas coincidencias y que se nos presente el reto de intentar documentar lo que las pruebas científicas afirman.

800px-Migraciones_humanas_en_haplogrupos_de_ADN-Y
Mapa de las migraciones humanas a partir de la genética poblacional del cromosoma Y.
Fuente: Wikipedia, Haplogrupos del cromosoma Y humano

2. El ADN mitocondrial, nuestro árbol directo femenino. Hemos definido en la introducción que todo el material genético no se recombina en cada generación. Una parte de la carga genética se encuentra en las mitocondrias y es heredada íntegramente de la madre a todos sus hijos de ambos sexos. Serán sin embargo las hijas las que a su vez lo transmitan a sus hijos. Podemos ver a continuación el proceso y cómo en este caso estamos tratando de un ADN que pueden compartir hombre y mujeres, pero sólo lo transmiten estas últimas:

mtDNA
Fuente: Peter Sjölund, Swedish Society for Genetic Genealogy.

Nos encontraríamos en el supuesto totalmente contrario al ADN-Y, es este rastro el que nos lleva a nuestro árbol femenino directo. Por una parte, la comparación de los ADN mitocondriales de dos personas permite determinar si proceden de un mismo origen femenino. Por otro lado, las características de este material genético también nos sirven para clasificar nuestra procedencia entre otros tantos grandes grupos genéticos mundiales, los haplogrupos mitocondriales, que nos muestran la trayectoria de nuestra línea materna directa.

El principal problema de esta línea de investigación es que normalmente resulta mucho más difícil conocer la ascendencia femenina que la masculina. Cada generación por esta vía tendrá un apellido diferente y tradicionalmente la documentación es mucho menos explícita al consignar los datos de las madres que de los padres. Pocos genealogistas consiguen avanzar un número significativo de generaciones por vía directa femenina, pero con este resultado se abre la posibilidad de conocer el final del camino; saber de dónde procede nuestra más ancestral madre e intentar enlazarlo con los datos que hayamos podido descubrir documentalmente.

800px-Migraciones_humanas_en_haplogrupos_mitocondriales
Mapa de la hipótesis de las migraciones humanas, basada en el origen y dispersión de los haplogrupos del ADN mitocondrial.
Fuente: Wikipedia, Haplogrupos de ADN mitocondrial humano

3. ADN autosómico, nuestros otros 22 pares de genes. Hemos visto que de nuestros 23 pares de genes el último par determina el sexo, según hayamos heredado de nuestro padre un cromosoma X o Y seremos mujer u hombre respectivamente. Ahora bien, los otros 22 pares de genes se recombinan generación tras generación y de forma fragmentaria, por lo que nuestro ADN autosómico es un auténtico mosaico de nuestra ascendencia por todas sus ramas. Al ser el resultado de una lotería genética podemos pensar que no tiene utilidad alguna desde el punto de vista genealógico ya que a priori desconocemos cual es la procedencia de cada segmento de cromosoma que portamos.

Gráficamente lo representaríamos así:

atDNA
Fuente: Peter Sjölund, Swedish Society for Genetic Genealogy.

Sin embargo, el proceso de recombinación no se produce siempre de igual forma, hay secuencias del ADN que se mantienen unidas durante varias generaciones y que nos permiten detectar parentescos con personas que pueden ser tan lejanas como primos terceros o cuartos. De este modo, encontraremos parientes que pueden proceder de cualquier de nuestras ramas paternas y maternas. También podremos confirmar el parentesco con supuestos familiares con los que no compartamos ni el ADN-Y ni el mitocondrial.

Cuando las bases de datos sean más amplias, nos sorprenderán los resultados de este tipo de análisis, que además nos muestran fehacientemente que la familia, en un sentido más amplio del habitual, comparte una herencia genética significativa y cuantificable.

Texto elaborado por Antonio Alfaro de Prado de Genealogía Hispana Si deseas leer el primer capitulo y mucha mas información sobre la Genealogía Hispana teclea AQUI.

Si necesitas ayuda en que pruebas debes hacer estas bienvenido/a a enviarme un correo. Mi nombre es Joseph Falguera y tengo varios años de investigaciones genealógicas como genealógico genéticas. Soy administrador de varios grupos sobre genética genealógica y espero poder ayudarte.  La dirección es pruebas@iberia-adn.com